lunes, 20 de agosto de 2012

Mis peripecias con el carnet de conducir - Primera Parte

Cada vuelta de vacaciones, siempre me propongo nuevos proyectos. Aprender cosas nuevas es una de mis inquietudes, así que, como ya he probado varias veces con las clases de inglés, llegando a la conclusión que nunca aprenderé en España, que tendré que viajar algún día a un país de habla inglesa para hablar como debe ser, opté por otro de los necesarios aprendizajes para una persona: el carnet de conducir.

La verdad es que me apunté a finales de un mes de Septiembre con mucha ilusión y ganas, pero según fue avanzando el otoño, esa alegría se transformó en desgana y rechazo. Comencé a ir a clases del teórico, donde todo me parecía muy interesante. He de reconocer que mis años de "copilota" ayudaron al entendimiento de ciertas explicaciones.

Algunas de las señales de tráfico que hay que aprender

El caso es que me dejó de resultar tan atractivo y lo dejé aparcado durante un año, más o menos. No era que necesitara tener el carnet por nada en especial, de hecho, a lo largo de mi vida nunca lo he necesitado, bien porque tenía quien me llevara a donde quería, bien porque me muevo perfectamente en transporte público o taxi.

Después de otro retorno de vacaciones, me enfrenté una vez más a otro gran reto en mi vida y comencé a asistir de nuevo a las clases teóricas de la autoescuela. Intentaba ir tres o cuatro veces a la semana para recordar algunas cosas que ya había aprendido y comenzar a avanzar en el maravilloso mundo del automóvil. Fui dejando que pasaran los meses poco a poco hasta que ya me caducaba la renovación que había realizado, por lo que, un poco obligada, me tuve que presentar al temido examen teórico. Cuando ya decidí que era hora de dar el gran paso, inicié la temporada de los famosos tests. Hacía tests en clase, en casa y en los ordenadores de la misma autoescuela. La media que conseguí no era muy buena, ya que tenía días buenos y otros menos brillantes.

Tests para el examen teórico del carnet de conducir

Al fin, llegó el gran día. He de reconocer que hacía mucho tiempo que no experimentaba esos nervios previos a un examen, aunque no eran ni mucho menos parecidos a los de los días de selectividad !!! Después de levantarme pronto e ir de excursión en el autobus de la autoescuela hacia Móstoles, llegó la hora de la verdad. Llegó el momento de enfrentarme sola ante los tests del examen, cuyas preguntas y respuestas me sabía ya casi de memoria. Una vez finalizada la prueba, la cual realicé en tan sólo 12 minutos, me di cuenta que no era tan complicado como yo me había imaginado. Fue un examen fácil en el que dude en dos preguntas. Las demás sabía que estaban bien contestadas porque las había hecho una y otra vez en los ordenadores de la autoescuela.

Tras pasar un día lleno de nuevas sensaciones y experiencias, quedaba el momento cumbre, el momento de saber el resultado. Se suponía que se sabían al día siguiente, a partir de las doce de la mañana, y se podían consultar a través de Internet, ese maravilloso mundo. Cierto es que desde las diez de la mañana estuve entrando en el portal de la Dirección General de Tráfico para ver si ya las habían colgado. Cuando se acercaba la hora clave, mi jefe me convocó a una reunión en su despacho. La cosa se iba a complicar y debería de esperar un poco más para saber si había superado la prueba.

Manual de la Dirección General de Tráfico

Una vez finalizada la reunión, de la que salí un poco descontenta, pensé que ya podían estar los resultados, así que rauda y veloz volví a introducir mis datos y bingo, ya estaba: apto o no apto, esa es la cuestión. Leyendo en el ordenador no lograba llegar hasta el texto donde indicaba mi nota, hasta que al final leí: apto y que solamente había cometido un error en las respuestas. Sentí una gran alegría porque después de tanto tiempo y dejadez mía, me di cuenta que con un poco de mi parte era capaz de conseguirlo !!!